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PIRATAS EN LA BAHÍA DE ALHUCEMAS.

La sucesión de incidentes entre españoles y marroquíes que culminaron con  el estallido de la guerra de 1859-60, tuvo en las aguas que rodean los llamados presidios menores uno de sus escenarios principales. Las embarcaciones que abastecían o comerciaban con dichos presidios fueron objetivo de los, según se mire, piratas o corsarios de las cabilas costeras. Estos piratas o corsarios solían actuar  aprovechando las calmas tan comunes en el mar de Alboránque dejaban al garete a los veleros españoles o de cualquier otra nacionalidad que se aventuraban por los costas norteafricanas.
Hasta que a partir de 1860 el gobierno dispuso que las comunicaciones marítimas oficiales entre Málaga, Melilla y los presidios menores se llevaran a cabo por un buque de vapor, el abastecimiento y correo de dichas posesiones se llevaba a cabo generalmente por faluchos, veleros de poco porte,  con cubierta y que arbolaban un mástil central con vela latina, una mesana también latina y foque. También existieron faluchos de la Armada que efectuaban misiones de guardacostas y  represión del contrabando. Otra embarcaciones usadas en el tráfico con los presidios menores fueron el laúd, de menor porte que el falucho y sin foque y el místico que arbolaba tres palos y foque y era de mayor porte que el falucho. Frente a estas embarcaciones españolas estaban los cárabos norteafricanos que eran embarcaciones generalmente sin cubierta, de formas finas y movidos por una vela latina y remos, lo que les permitían acercarse y abordar a los veleros cuando quedaban encalmados cerca de sus costas. Los cárabos también se utilizaban para la pesca y el comercio de cabotaje.
Empezaremos esta relación con el laúd Santo Cristo que fue capturado el 30 de abril de 1853 cuando quedó encalmado cerca de la isla de Alhucemas. Sus tripulantes y pasajeros pudieron ponerse a salvo con la lancha auxiliar de la embarcación. El laúd fue llevado a tierra por los rifeños que lo saquearon totalmente. En mayo del año siguiente le tocó el turno al místico Carmen, patrón Antonio Andújar, que encalmado al norte de Alhucemas cuando navegaba hacia el Peñón de Vélez, fue asaltado por cinco cárabos  que lo llevaron a una cala de Morro Nuevo donde fue saqueado e incendiado. La tripulación del místico, al verse encalmado y llegando la noche, lo abandonó antes de que fuese atacado sin saber que una lancha  armada de la isla de Alhucemas acudía en su auxilio.
En abril de 1855 le tocó el turno al laúd San Antonio, patrón Salvador Medina, que en viaje de Málaga a Alhucemas  fue asaltado por los cárabos rifeños a la altura de Morro Nuevo. Su tripulación lo abandonó pudiendo llegar a la isla.
En diciembre de 1857 el laúd San Francisco, patrón Buenaventura Rizo, salió desde Málaga hacia Chafarinas con una carga de ladrillos aunque acabó abandonado por su tripulación en aguas de la bahía de Alhucemas donde fue saqueado por los rifeños.
Las embarcaciones de dotación de la isla de Alhucemas y los faluchos guardacostas que se destinaron a patrullar las aguas rifeñas también consiguieron triunfos. En septiembre de 1856 un cárabo tripulado por 42 hombres pasó sin identificarse a vista de Alhucemas por lo que se envió un lanchón armado para reconocerlo. Dado que la tripulación del cárabo se negó a ello fue asaltado por los españoles y capturado. En la lucha fueron abatidos todos los rifeños y dos españoles.
En junio de 1859  el lanchón de Melilla comandado por el capitán Rafael López salió de patrulla en busca de cárabos que pudieran transportar armas y municiones desde Tetuán  consiguiendo capturar dos en la bahía de Alhucemas uno con tres tripulantes y otro once.
En esos momentos la tensión era máxima y en agosto de ese año un grupo de cuatro cárabos y un bote se atrevieron a atacar al falucho guardacostas Pantera en aguas de Alhucemas, consiguiendo este  rechazar el ataque con fuego de su cañón.
Como último incidente del inicio de la guerra contra Marruecos tenemos el ataque al falucho guardacostas Catalán que volvía a la isla de Alhucemas a remolque de su lancha debido a la falta de viento. Este ataque pudo ser rechazado.
Fuente: Blog AL SUR DE ALBORÁN